22 marzo 2010

Ajo y agua


La décima fecha del Clausura tenía como espectáculo principal al Superclásico más importante del mundo. El Boca de Alves enfrentaría al River de Astrada en la bombonera... pero los tapó el agua.

El Súper carecía de magnitud: no había pelea por la punta, las expectativas de gozar de un buen juego eran nulas, y ambos equipos venían de realizar las peores campañas de los últimos años. Sin embargo, la ansiedad por este enfrentamiento pasaba por otro lado, por lo que le dió sentido a la rivalidad más popular de nuestro fútbol: La lucha por el honor, ganar o ganar.

Al menos eso se debía salvar para seguir manteniendo encendida la llama del hincha.

Domingo ideal para hacer un asado o para lavar el auto. Seguro que algún mufa lo hizo, por eso se largó el diluvio universal y el campo de juego se convirtió en una pileta olímpica.

Antes de comenzar el partido, el internacional Héctor Baldassi y sus colaboradores inspeccionaron el campo de juego y concluyeron en suspender el encuentro si continuaba lloviendo con la misma intensidad del mediodía, ya habían caído 30 milímetros y algunas zonas estaban inundadas. A decir verdad, un mensaje desde la AFA fue enviado para que no se suspendiera el juego.

Con los equipos de Alves y Astrada en la cancha después de un majestuoso recibimiento por parte de la hinchada (a ver muchachos si aflojamos con las cintas y los papelitos que demoramos en arrancar el partido) y una cortina de agua, comenzó el Superclásico.

El fastidio de los jugadores era notorio; no se podían continuar las jugadas. Ni hablar de retener la pelota. Si iban a trabar era muy probable que se quedaran con media pierna del contrario.

Una falta contra Martín Palermo (9) lo dejó chapoteando en el agua cual José Meolans en Moscú 2002. Hasta que Román (10) se ahogó y el arbitro convocó a los capitanes de ambos equipos, el Muñeco Gallardo (10) y El Loco Palermo y se paró el juego.

¿Fue correcta la decisión del Sr. Baldassi? Sí, porque la pelota no rodaba y había que preservar la integridad física de los jugadores.

Qué decir del estado del campo de juego: Desastroso.

No se veían las líneas de cal; los jugadores hacían agua. Si bien la lluvia fue intensa y continua, el fenómeno meteorológico no llegó a ser una gran tormenta. Y hay otro dato picante: Independiente-Central se jugó completo dos horas después, sin que parara de llover, a unos cinco kilómetros de distancia. Lo que se afirma es que la cancha de Boca no drenó bien.

Según fuentes extraídas del “Diario deportivo Olé”: Amadeo Loria, ingeniero agrónomo que estuvo a cargo de la cancha hasta enero pasado, le aseguró a Olé: "Evidentemente, no drenó bien". En los últimos años, la cancha de Boca se había caracterizado por su buen drenaje. "Eso era algo que me enorgullecía. Pero luego del recital de Sabina, el 20 de enero, fui desplazado de esa función", contó Loria, quien agregó: "Evidentemente, ahora no se han usado los materiales y elementos que corresponden. Y cuando eso pasa, el drenaje se va degradando". Así, el ingeniero no hizo más que desnudar una nueva interna en el Mundo Boca: la de los cancheros.”

Del encuentro sólo se jugaron 9 minutos, aunque Héctor Baldassi anunció que dará tres minutos más por las demoras que se registraron. Los minutos que restan jugarse del Superclásico entre Boca y River, se completarán el jueves 25 de marzo a partir de las 15.45 en la Bombonera según determinó la Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos (SUBSEF). Todavía falta determinar qué hacer con los tickets mojados. El reglamento señala que el espectador deberá presentar lo que queda del ticket del partido suspendido. Aquel que le quede algo del boleto podrá presentarlo en el ingreso a La Bombonera.

Lo lamentamos por los miles de fanáticos que “empapados de euforia” debieron volverse a sus casas... qué va a ser muchachos: A joderse y aguantarse.


María Laura Salvatierra